Una vocación en fragmentos

En el pie de la página de inicio o portada de este blog se incluye la siguiente dedicatoria…

« Para aquellos soñadores y soñadoras de a pie, que hacen malabares sacando tiempo imposible de sus tardes, noches o madrugadas, y lo invierten en fabricar tramas de fantasía/ficción con las que deleitar a lectores cercanos (familiares, amigos) y lejanos (conocidos, anónimos). »

Soy uno de quiénes viven esta vocación en fragmentos.

El mundo es como es, la vida es como es. Acepto la diferencia entre las cosas que me gusta hacer y las cosas que sé hacer. Más aún si esas cosas que sé hacer se corresponden con una profesión con opciones en el mercado laboral. Insisto, lo acepto. ¿Pragmatismo?

Mi yo titular habitual (vamos a llamarlo así) desarrolla su profesión sin sentirla como una amenaza ni como una condena. Es mi realidad y sustento. Detrás, un trasfondo: apoyo familiar, estudios, aventuras de juventud, emancipación, contratos peores y mejores, épocas de horarios extensivos, renuncias personales, autoformación, traslados, altas dosis de estoicismo, retos, esfuerzo, paciencia, suerte,… Pasos que acontecieron, con sus motivaciones y resultados, con sus aciertos y sus errores. Siento enorme gratitud por haber transitado este camino hacia saber hacer algo con lo que ganarme la vida. Ejerzo mi profesión con toda mi implicación y responsabilidad, sin desmerecerla un ápice.

Sin embargo, tras este yo titular habitual late un alter ego con vocación creativa y entregado a las musas. Son inspiradoras de voces dulces que jamás dejan de susurrar ideas, historias, tramas, trasfondos, personajes,… desde el fondo de mis pensamientos. Un runrún inagotable. No importa dónde esté, con quién esté o qué tarea esté haciendo, las musas nunca dejan de susurrarme, casi atormentarme, hasta que encuentro el momento de materializar ese eco mágico en palabras escritas, de plasmar ese fragmento de texto de pura felicidad vocacional.

En mi caso, principalmente transcurre en noches y fines de semana, y en viajes de tren. Es una fuga efímera, con un final de cruel vuelta a la realidad cual calabaza de Cenicienta. Tras unas horas, muchas veces muy pocas, el reloj lanza las campanadas de fin del ensueño, y cierro el cuaderno de notas (virtual) para enviar a las musas al arcón del desván y la mente de regreso al mundo cotidiano.

Lo afirmo: me apasiona escribir. Querría hacerlo más, siento la inspiración y la necesidad. Pongo todo mi esfuerzo y cariño en cada texto, manteniendo los pies en el suelo respecto a esa diferencia entre lo que me gusta hacer y lo que sé hacer. Creo firmemente en desarrollar lo que a uno le apasiona. Mi yo titular habitual y mi alterego creativo nos hemos compinchado para hallar más rendijas para escribir entre el vértigo del día a día.

Este blog plasma ese halo de vocación en fragmentos. Gustosamente espero mejorar mi asiduidad.

Gracias a las musas por hacer fluir estas palabras, que llevaban tiempo atascadas, y a quiénes pasan por aquí, por leerlas.